Sean levantó la vista al escuchar su voz...
Julie.
De pie frente a Savannah.
La camisa sobre el cuerpo ajeno.
La mirada hundida en esa mezcla de náusea emocional que no se nombra, pero se siente en cada centímetro.
—Julie… —alcanzó a decir.
Pero ella lo interrumpió de inmediato, con el rostro más pálido que el cielo de Berlín.
—¿Puedo usar tu baño?
Sean frunció el ceño.
Quiso decir algo más.
Pero solo asintió.
—Sí. Al fondo a la izquierda. Segunda puerta.
Julie pas