La suite matrimonial estaba bañada en la luz suave de la tarde.
El clima era cálido, y los días tras el secuestro empezaban a disipar sus sombras.
Julie, ya más recuperada, vestía un pijama de seda blanca que Emily había conseguido en una boutique cercana.
La tela le envolvía como si intentara devolverle algo de la elegancia que el caos había intentado arrebatarle.
Sobre la mesa, dos tazas de café humeaban junto a una libreta con horarios de vuelos y marcas de aerolíneas.
—Londres