Julie entró al garage privado de Sean… y se detuvo.
Era enorme.
El piso pulido brillaba como espejo, las luces LED iluminaban cada curva, cada color, cada historia guardada entre metal y elegancia.
Los autos estaban perfectamente alineados, como piezas de museo vivas.
Ferraris, Lamborghinis, Maseratis, Jaguars, BMWs, todos de diferentes colores que le robaban el aliento.
—Esto… parece una exposición privada de autos de lujo —dijo, girándose hacia Sean—. Como si estuviera en una gala