Julie pasó la tarde recostada, dándole a su pierna el descanso que no había permitido. El vendaje la incomodaba, pero al menos podía moverse con más soltura. A diferencia de Sean, cuya jornada fue absorbida por juntas y llamadas sin fin, ella había decidido conservar energía. Sabía que esa noche no era cualquier noche. Y cuando Sean cruzó el umbral de la suite con una bolsa de tela satinada en la mano, ella lo intuyó.
—¿Otra vez con esto? —preguntó, divertida pero cautelosa.
Sean se acercó si