Sean había regresado. No solo porque era su noche de bodas —por más irónico que eso sonara en su cabeza—, sino porque aún había algo sin cerrar. La tensión entre ellos era demasiado intensa para dejarla suspendida en el aire como un adorno incómodo.
Al principio, había creído que la mejor decisión era alejarse. Dejarla sola para que respirara, pensara, procesara. Pero él mismo había terminado con las ideas desordenadas, bajando al lobby del hotel por instinto, solo para encontrarse con una esce