Julie apretó los dientes y llamó a la puerta del despacho de Sean. Él la había mandado llamar.
¡Qué cara más dura! Si su ascenso no fuera tan importante, le habría dicho exactamente dónde podía meterse aquel “llamamiento”.
Pero no. Ese ascenso era su prioridad absoluta. La razón por la que estaba allí. Por eso estaba decidida a mantener una sonrisa en los labios y a refrenar su curiosidad, por mucho que quisiera saber cómo el chico rebelde de la plantación se había convertido en un magnate hote