Capítulo 88.

—¿Quién demonios eres tú y cómo entraste aquí sin que los guardias te dispararan?—, preguntó Ethan, poniéndose de pie de un salto mientras se sacudía el polvo de los pantalones desgarrados.

Frente a él, del otro lado de los barrotes, se encontraba un hombre caucásico de una elegancia que resultaba muy sospechosa en aquel nido de ratas.

Vestía un abrigo de lana color negro perfectamente diseñado, una camisa de seda blanca sin una sola arruga y sus ojos claros, gélidos como el invierno de Rusia,
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