Capítulo 43.
«En alguna clínica de la ciudad»
Fátima despertaba después de una larga siesta. Otro días más sin poder moverse ni levantarse de esa cama de hospital.
Miraba al techo de la habitación deseando poder ir hasta la mansión Parker para ver a su hija Sarah.
Escuchó abrirse la puerta y con esfuerzo pudo girar su cuello para asomar y ver de quien se trataba.
Fátima sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo a la velocidad de la luz y erizó hasta el rincón más recóndito de su piel.
—Andrew...—, susurró con dificultad, con voz frágil y ronca, como si le faltara aire en los pulmones.
El terror se apoderó de ella de forma inmediata. Estaba sola e indefensa frente al hombre que la había lesionado de esa manera tan grave.
Tomó el botón de emergencia y comenzó a presionarlo todas las veces que pudo en medio de una ataque de nervios. Movía su pulgar lo más rápido que podía para alertar a las enfermeras que algo malo estaba pasando en su habitación.
—Puedes presionarlo todas las veces que