El aire entre nosotros se siente denso, cargado de algo que no me atrevo a nombrar. Damon se inclina hacia mí, sus dedos rozando mi mejilla con una caricia que debería ser prohibida. Su mirada es intensa, oscura, un abismo en el que tantas veces he caído sin resistencia.
Y eso es lo que me asusta.
Porque ya lo he besado antes. Ya he sentido el fuego de su boca, el veneno de su toque. He dejado que me envuelva, que me atrape en este juego peligroso en el que a veces olvido quién es él y quién so