CAPÍTULO 40

POV VITTORIA ROMANOVA

Me congelé por unos segundos. Segundos en los que diferentes tipos de emociones pasaron por mi cabeza como una tormenta indescifrable. No sabía qué hacer, ni qué decir, pero de algo estaba segura: no me iba a quedar allí como la pobre esposa cornuda de mierda.

Inhalé hondo y asentí al guardia para que abriera mi puerta.

Estaba embarazada.

Maldición. Sí. Era un embarazo. Estaba tocándose la barriga.

Fueron al hospital…

¡Oh, Dios! Todo este tiempo me estaban viendo la cara.
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