POV VITTORIA ROMANOVA
Cuando bajé a desayunar, el comedor estaba vacío, algo que, aunque debería haber esperado, no dejó de provocarme un pequeño nudo en el pecho. Me senté sola en la enorme mesa, sintiéndome diminuta en ese espacio tan frío y silencioso, y desayuné despacio, repasando mentalmente la lista de cosas que aún necesitaba comprar para terminar de acondicionar la casa.
Cuando terminé, me abotoné bien el abrigo, asegurándome de que la bufanda cubriera mi cuello y gran parte del rostro