POV VITTORIA ROMANOVA
Había perdido la cuenta de cuántas veces me habían elogiado mi vestido, mi cabello, mi rostro. También había perdido la cuenta de cuántas miradas llenas de resentimiento y envidia había recibido de las mujeres de la Cosa Nostra. Algunas disimulaban mejor que otras, pero todas compartían el mismo pensamiento: deseaban ser yo esta noche.
Y lo entendía.
Por eso, de vez en cuando, una sonrisa burlona brotaba de mis labios, como si fuera un recordatorio de que ni en un millón d