Luca convulsionó. Sus pupilas se dilataron hasta volverse dos pozos de terror, pero entonces, una sonrisa deforme y sangrienta se dibujó en su rostro. Una risa ronca, cargada de una malicia que no esperaba, escapó de su garganta destrozada.
—Vittoria... ella me... me quiso a mí primero —susurró, y sus ojos recuperaron ese brillo de orgullo herido—. Darle flores... —siseó, alzando la cabeza, desafiándome—. Ir al cine... cenas, detalles... Le di todo con lo que una vez soñó. Todo con lo que soña