POV ALEKSEY ROMANOV
El aire en la cabina del helicóptero de aproximación era pesado, saturado de un silencio que solo los hombres que van a morir —o a matar— conocen. Sergei y cinco de sus mejores tiradores estaban en posición, listos para saltar hacia la mansión de Luca. Yo, con Akin y los otros cinco, nos mantuvimos en la sombra, descendiendo en un punto ciego cerca de la villa de los padres de Vittoria.
Sentí el impacto en mis botas al tocar el suelo siciliano. El dolor en mi pulmón fue un