POV ALEKSEY ROMANOV
Cuatro días después
—Dispara —ordenó Akin desde la retaguardia, cronómetro en mano—. Tienes tres segundos antes de que el objetivo se mueva.
Apreté el gatillo. Bam. La bala impactó en el hombro del maniquí, no en el centro.
—Lento. Otra vez —Adrik no me dio respiro; me lanzó un gancho al hígado que me obligó a doblarme.
—¡Hijo de puta! —siseé, escupiendo un hilo de saliva espesa. El dolor era tan agudo que por un momento mi visión se tiñó de gris. Sentí algo húmedo y ca