POV ALEKSEY ROMANOV
Me desperté antes de que Akin viniera a revisarme. No me moví de inmediato; me quedé mirando el techo, escuchando el silbido irregular de mi pulmón. El brazo izquierdo, todavía inmovilizado contra mi pecho por el vendaje de la noche anterior, era un bloque de hielo y fuego. No sentía casi los dedos.
Me incorporé con una lentitud agónica. Las sábanas estaban pegadas a mi costado; la sangre se había secado durante la noche, sellando la tela a las heridas. Solté un gruñido y