Bianca frunció la nariz, observó con una ceja arqueada a la mujer que trabajaba en casa de Gerald.
—¿Qué es esto? —cuestionó al ver que le entregaba un folder.
—Léalo usted misma, señora —propuso la chica.
Bianca abrió la carpeta, sus ojos se abrieron con amplitud.
—No tendremos intimidad —empezó a leer—, enviarte flores, chocolates. —Sacudió su cabeza. —¿Qué es esto? —cuestionó.
—Parece que un contrato entre el señor Gerald y su esposa. —Sonrió la chica—, usted me pidió que esculcara