Myriam se hallaba dormida en la alcoba, descansaba plácidamente, cuando Gerald llegó a la suite. Con pasos lentos se aproximó a la cama, mientras su corazón iba acrecentando el ritmo, parpadeó al ver el semblante lleno de palidez de su esposa.
Se sentó a su lado y retiró varios mechones del cabello de Myriam, con la yema de sus dedos acarició su rostro.
Myriam se removió al sentir aquellas caricias, abrió sus párpados y sus ojos se encontraron con la fría y melancólica mirada de su esposo.
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