Instantes después Gerald aparcó el auto frente al muelle Navy Pier. Ayudó a Myriam a descender, y empezaron a recorrerlo con calma, caminando uno al lado del otro, contemplando el gran lago Michigan.
Entonces se recargaron en el barandal de hierro del muelle, Myriam empezó a frotar sus brazos, pues hacía viento. Gerald se quitó la chaqueta y la cubrió.
—Gracias —respondió Myriam. —¿Cómo te sientes? —indagó y giró su rostro para mirarlo—, antes me gustaba venir acá, sobre todo cuando me sent