Seis meses después.
Rubén llegó corriendo al hospital, buscando entre los pasillos a Myriam, hasta que la encontró abrazada a Tony.
—¿Qué pasó? —cuestionó—, vine apenas me llamaste.
—Tiene mucha fiebre, otra vez —susurró con voz débil.
Rubén inhaló profundo.
—A esta edad es normal, debe ser una infección.
Myriam negó con la cabeza, mientras se aferraba al pequeño cuerpecito de su hijo.
—Yo lo cuido mucho —aseveró mientras lo arrullaba—. Mira estas marcas —señaló y le levantó la ca