Tres meses después.
Grandes ojeras enmarcaban los ojos de Myriam, la mujer se encontraba en la cama de un hospital aferrada al cuerpo de Tony, el pequeño había tenido una grave infección y los médicos estaban valorando su estado.
El niño no dejaba de llorar, y el corazón de Myriam se hacía añicos, esos meses habían sido una verdadera lucha, y cuando parecía que Tony mejoraba, de nuevo decaía.
Una enfermera la pidió salir, necesitaba llevarse al niño a realizarse un nuevo estudio. Myriam b