—¡Que idiota! —digo tirando de mala manera mi bolso en el escritorio de mi oficina
—¿Estás bien? —pregunta Cristal entrando en mi oficina
—No. Massimo es un asno cuando puede—resoplo—Se cabreo porque un tipo en el Gim me pidió una cita—digo sentándome en mi silla frente al escritorio.
Miro a Cristal y ella arquea su ceja.
—No me veas así—la señalo—sabes que nunca le haría una trastada a mi marido
—Eso lo es tonta—dice poniendo los ojos en blanco y se deja caer en el sofá más cercano—Los hombres