—Massimo ¿celoso? —Lissa me mira sorprendida—Le dijiste que te trajo un delicioso postre
—Cállate—la miro de mala manera.
Lissa tenía que hacer algunas cosas y decidió pasar a visitarme, así que le conté el par de incidentes. Era viernes y los chicos se habían ido a preparar para la inauguración del restaurante que sería esta noche
—¿Que? —Dice con fingida inocencia—Cristal los alabo toda la semana—resoplo.
Miro alrededor de la tienda y veo a Ilyana
—Tu hija va acabar con mi negocio—digo apunta