Me remuevo sobre la cama, abro los ojos asustada de despertar sola y que lo de anoche fuera un mero sueño, una fantasía que creó mi mente para torturarme. Pero unos brazos grandes y fuertes me envuelven cuando despierto, como respuesta de mis pensamientos.
Pestañeo escuchando cómo suspira con ronquez contra mi cuello.
―¿Adriano? ―Murmuro aún sorprendida con mi corazón latiéndome con fuerza.
―¿Quién más sería? ―Pregunta tajante.
Me giro, observando su rostro, su entrecejo está apretado.
―Eso me h