Adriano nos sube hasta su alcoba ni siquiera le pregunto por qué nos ha traído a la suya y no a la mía, su cama es más cómoda y amplia. Además, con su boca sobre la mía, lo menos que deseo en este momento es hablar.
Me deja sobre la cama, con la máxima delicadeza que puede con su excitación creciendo, igual que la mía. Mis manos se van al bordillo de la camisa de su pijama, queriendo quitársela. Él entiende mi deseo y me ayuda a levantársela por encima de la cabeza deshaciéndose de ella. Mis pup