Los ojos de James no pueden dejar de mirar a Stella. Su respiración se agita en cuanto la ve con el pañuelo puesto, completamente a su merced.
—Primero lo primero, deshagámonos de esta ropa molesta. Necesito ver esa lencería negra en persona. Eleva tus manos sobre tu cabeza, cariño.
La orden de James envía un escalofrío por toda la espalda de ella y, antes de que se de cuenta, se encuentra haciendo justo lo que él le pide. Sus otros sentidos se sienten intensificados con la venda sobre sus ojos