Todavía jadeo, intento ralentizar la respiración y los latidos del corazón, y mis pensamientos se sumen en el caos.
Abro los ojos. James ha apoyado su frente en la mía. Tiene los ojos cerrados y su respiración es irregular.
Parpadea, abre los ojos y me lanza una mirada turbia, aunque dulce. Sigue dentro de mí. Se inclina, me besa suavemente en la frente y, muy despacio, empieza a salir de mi cuerpo.
—Oooh.
Es una sensación extraña, que me hace estremecer.
—¿Te he hecho daño? —me pregunta Ja