Los ojos de Stella se anegan en lágrimas, pero, a diferencia de todas las últimas veces, ahora esas lágrimas eran de alegría y gozo.
Sin dudarlo ni un solo instante, ella asiente con su cabeza incapaz de hablar por el nudo que tiene en medio de su garganta.
James desliza el anillo por su dedo y la rodea con los brazos para levantarla y darle vueltas en el aire.
—Vamos a ser verdaderamente felices, Stell, te lo prometo.
Cuando él la baja, ella se acerca de nuevo y le da un dulce beso en los lab