Los ojos de Stella se le clavan en el reloj y el alivia se apodera de ella al menos por unos pocos segundos.
—Bárbara, dime que tu reloj inteligente hace llamadas.
—Pues sí, pero no puedo llegar a él, las ataduras no me lo permiten ¿Estás tratando de llamar a la policía? ¡Robert dijo que nos mataría si hacíamos eso! —el pánico vuelve a someter a Bárbara.
—No, no a la policía, necesito decir algo.
—¿Qué puede ser tan urgente? Incluso más urgente que el hecho de que nosotras salgamos vivas de aqu