.53.
Maya miró a Oliver y, después de tragarse un bocado, tomó un sorbo de su bebida, sin dejar de mirarlo.
—Oliver —dijo su nombre en voz baja, lo suficiente como para que él la escuchara. Aunque no lo entendía del todo, había algo que la frenaba de hablar directamente.
Oliver levantó la mirada y la miró, con las cejas arqueadas.
Maya se tragó la saliva y se aclaró la garganta.
—La... la llamada que acabo de recibir... —Hizo una pausa, queriendo evaluar la reacción de Oliver antes de continuar. —La