.44.
Debía admitir que esa mañana se sentía diferente a todas las anteriores.
Era más ligera.
—Buenos días —respondió Oliver, mirándola—. ¿Cómo te sientes ahora, Maya?
—Creo que mejor —respondió, señalando su piel, como si le demostrara que ya no tenía rastros de alergia—. Por cierto, ¿no vas a trabajar? Creo que ya llegas tarde.
Maya notó que Oliver no hacía ningún esfuerzo por moverse.
A diferencia del día anterior, cuando salió de casa apresurado y sin siquiera desayunar, esta vez parecía despreo