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Maya entendió de inmediato lo que intentaba decir.
Oliver no quería deshacerse de Carl, y ella no lo culpaba. Después de todo, el perro era como su familia. Sin embargo, ella también era su esposa… aunque su matrimonio no fuera real.
—Sé que no es fácil para ti tener a Carl viviendo con nosotros —continuó Oliver con voz tensa—, pero tampoco puedo alejarme de él.
Maya notó la tristeza en su rostro, y su corazón se encogió.
Tenía razón. Para Oliver, Carl no era solo una mascota. Era su familia, s