.30.
Maya no tenía oportunidad de planear nada.
Era mejor prevenir que lamentar.
Apenas conocía a la mujer, pero Oliver quería adelantarse a cualquier situación. Necesitaba vigilarla de cerca.
—¿Qué quieres para desayunar? —preguntó Maya—. Puedo prepararlo antes de irnos, así al menos ya habremos comido antes de ir a casa de Zoé a recoger a tu hijo.
Oliver frunció el ceño.
El tono de Maya era tranquilo, pero él notó la forma en que pronunció la palabra "hijo".
La miró con curiosidad.
—¿Hijo? —pregun