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—No hay problema, puedo ayudarte aquí y luego cambiarme rápidamente —insistió Maya.
—¿Por qué no puedes simplemente hacerme caso, aunque sea esta vez? —replicó Oliver con un tono exasperado.
—Está bien. Pero al menos déjame secar los platos cuando termines de lavarlos, así también podrás prepararte —dijo ella, negándose a dejar que él hiciera todo el trabajo solo. Ya había cocinado el desayuno, y lo mínimo que podía hacer era ayudar con lo que quedaba en la cocina.
—De acuerdo, si tú lo dices.