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Finalmente, llegó la hora del almuerzo. Maya estaba tan concentrada en lo que hacía que no notó cuando Nathalie entró en la tienda.
—Oye, ¿estás lista? —preguntó su amiga, haciéndola detenerse.
—Oh, hola. Perdón, estaba demasiado concentrada cortando estos hilos —respondió Maya con una sonrisa. Se levantó y guardó todas las herramientas en su sitio. Siempre ayudaba en lo que podía cuando tenía tiempo libre.
Quitar los hilos sobrantes de los vestidos hacía que el trabajo de los sastres fuera más