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Habían pasado varios días desde que comenzó a seguir los movimientos de su esposa, y según los informes que había recibido del agente que contrató, parecía que esa era la primera vez que Maya salía de su apartamento tan temprano.
Frunció el ceño mientras observaba la pantalla de su portátil, siguiendo atentamente cada movimiento de su esposa.
No pudo evitar sentirse agradecido por la idea que había tenido de vigilarla. Ahora, aunque estuvieran separados, aún podía saber qué hacía y a dónde iba.