Chiara Bellini.
La primera mañana en la mansión Caravelli llegó acompañada del peso implacable de la realidad. Abrí los ojos y contemplé el techo adornado con frescos barrocos, sintiendo el cuerpo dolorido y la mente exhausta.
Para ser sincera, no había dormido absolutamente nada.
Pasé toda la noche despierta, sentada en el sillón de terciopelo de aquella habitación inmensa, rodeada de pilas de documentos que había traído en la maleta.
Los balances financieros y los nuevos casos de Venturi & As