Chiara Bellini
Me arrastré fuera del jardín con las piernas todavía temblorosas, sintiendo el peso de aquella mirada desconocida de Enzo clavado en mi espalda. Subí las escaleras de la mansión como un fantasma, entré en mi habitación y cerré la puerta con llave, dejando que el silencio del lugar me envolviera por completo. Me acomodé bajo el pesado edredón, intentando calmar el torbellino de pensamientos que aquella breve y extrañamente amable conversación había provocado en mi mente.
Me di vue