Enzo Caravelli
Frente al espejo del baño, observé mi propio reflejo con una atención que no me dedicaba desde hacía años.
La navaja atravesó la espuma de afeitar con precisión quirúrgica, revelando la línea dura de mi mandíbula. Me lavé el rostro con agua fría, me sequé con una toalla y sostuve la mirada de aquellos ojos negros que, durante la mayor parte de mi vida adulta, solo habían reflejado órdenes, rutas de contrabando y sentencias de muerte.
Pero hoy era diferente. La carpeta negra con e