Chiara BelliniLa noche fue larga y poco honesta conmigo.Me daba vueltas de un lado a otro, abrazando la almohada como si ella pudiera acallar la voz del Don en mi cabeza, seca, grave: "la deuda debe ser pagada" y, tras ella, el silencio de Enzo. La mirada que permaneció. La pregunta que no se marchaba.¿Quién era él? Yo no lo sabía, pero ¿por qué me miró de aquella manera? Era demasiado extraño.Cuando finalmente me dormí, soñé con pasillos oscuros. Puertas que se cerraban solas. Y una mano, grande, firme, agarrando mi muñeca para que no fuera hacia la única que había quedado abierta.Me desperté demasiado pronto.El techo. El reloj antiguo en la sala, los segundos insistentes. Me pasé la mano por el rostro y me levanté. * * * En el espejo del baño, mis ojeras eran demasiado honestas. Me lavé la cara con agua fría, lo cual no resolvió nada, pero ayudó a fingir.Me solté el cabello. Lo peiné. El rubio claro caía en ondas hasta la mitad de la espalda, casi blanco, como Giuli
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