Chiara Bellini
La luz de la mañana me despertó, como siempre.
No había logrado volver a dormir después de la pesadilla.
El sudor se había secado sobre mi piel, dejando una sensación incómoda que ni siquiera el segundo baño tibio consiguió aliviar. El chico sin rostro de mi sueño, con aquella risa que resonaba como una melodía familiar y olvidada, seguía flotando en el fondo de mi mente, una sombra persistente saboteando cualquier intento de concentrarme en el trabajo.
Me puse mi armadura para e