Serás padre, Iceberg.
Santiago apretó los puños con frustración mientras caminaba de un lado a otro, lanzando miradas de reproche a Luciana. Su voz era casi un grito, llena de rabia e impotencia.
—¿Dónde demonios se ha metido Gala con la bebé? —exigió, sin dejar de moverse.
Luciana lo miró con los ojos llenos de cansancio y angustia, su voz temblando al responderle:
—¡Te dije que no lo sé! Se marchó, Santiago, y… ¡no me grites! He hecho lo que pude. Te estuve llamando, pero no respondiste. Si no te enteraste ante