Luciana miró a la pequeña en sus brazos, desesperada por calmar sus llantos. La bebé, que apenas alcanzaba los pocos meses de vida, buscaba su pecho con insistencia, moviendo su cabecita con ansiedad. Cada segundo que pasaba, su llanto se volvía más desgarrador, el eco de su hambre llenando el oscuro espacio que las rodeaba. Luciana trataba de mecerla, susurrando palabras de consuelo, pero nada parecía ser suficiente. No podía ofrecerle lo que necesitaba; no tenía ni idea de cómo cuidarla en es