Luciana estaba tranquilamente intentando calmarse. Habían pasado varias horas desde que la habían amarrado, y apenas le permitían comer o ir al baño, siempre acompañada por una mujer que la vigilaba con atención.
Sus pensamientos estaban en caos, luchando por mantener la esperanza. De repente, salió de su ensimismamiento cuando Raúl se acercó. Con su cabello dorado que brillaba bajo la tenue luz de la habitación y sus ojos color cielo, parecía un ángel, pero ella sabía que ese hombre era un ase