Gala se encontraba inquieta, caminando de un lado a otro en la habitación. El reloj en la pared marcaba las tres de la madrugada, y Christhopher no había llegado a casa. Apretaba su teléfono entre las manos, revisando cada pocos minutos si había algún mensaje o llamada perdida, pero la pantalla seguía en blanco.
Decidió servirse un vaso de agua en la cocina, pero el líquido apenas calmaba su creciente ansiedad. Christhopher jamás se había comportado así, y la idea de que algo grave hubiera suce