Chris estaba al límite, sus puños cerrados mientras observaba a Matt a través de las rejas. La burla en el rostro de su enemigo era evidente, una sonrisa sádica que sólo alimentaba más su frustración.
—¿Qué demonios quieres, Matt? —gruñó Chris, sin paciencia para rodeos—. Suelta ya la ubicación de Raúl y tal vez no te rompa la cara aquí mismo.
Matt, apoyado despreocupadamente en la pared de su celda, se limitó a sonreír, un brillo peligroso en sus ojos.
—Quiero a Gala, —respondió con fria