Gala salió de su asiento con paso firme, aunque sus manos temblaban levemente por la tensión de lo que acababa de revelar. Había sido un testimonio largo y doloroso, pero necesario. Cada palabra que dijo la había liberado un poco más de su pasado y la acercaba al cierre que tanto necesitaba.
El juez y el jurado se retiraron para deliberar. En la sala se respiraba una calma tensa; los rostros de los presentes reflejaban una mezcla de ansiedad y expectativa mientras todos esperaban el veredicto.