Tras el juicio, Santiago siguió a Gala en su auto, manteniendo la distancia mientras observaba cómo ella se dirigía hacia la imponente mansión de la familia Johnson. Cuando finalmente se estacionó frente a la entrada, ni siquiera esperaba la bienvenida; sabía que no se la darían. Aun así, entró sin pedir permiso, con una determinación que sorprendió a los escoltas, quienes de inmediato se colocaron frente a él para detenerlo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Gala con furia, clavándole una mirada he