Domingo por la mañana. Un día hasta el testimonio.
Desperté a las seis sin haber dormido realmente. Cada ruido durante la noche me había puesto en alerta. Cada crujido de la casa. Cada paso de los guardias afuera.
León seguía dormido. Brazos alrededor de mí incluso en sueño. Protector hasta inconsciente.
Bajé a la cocina encontrando a mi madre ya despierta. Preparando café en la máquina como si hubiera vivido aquí siempre.
—Buenos días —dijo en voz baja.
—Buenos días. ¿Dormiste?
—Poco. ¿Tú?
—Na