Domingo. Día después del robo exitoso.
Desperté tarde. El cuerpo y la mente agotados de la tensión.
Bajé encontrando a León en el estudio revisando documentos escaneados por enésima vez.
—¿Dormiste algo?
—Un par de horas. ¿Tú?
—Más de lo esperado. El agotamiento finalmente ganó.
—Bien. Necesitas estar descansada para mañana.
Mañana. Lunes. Cuando presentaríamos todo ante fiscalía.
Mi teléfono sonó. Sara.
—¿Puedo pasar? Necesito hablar contigo en persona.
—Claro. ¿Cuándo?
—¿Ahora? Es importante.